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Periodista tuvo cambio radical para no ser atacada por los Talibanes en Afganistán.

UN CAMBIO RADICAL PARA NO SER ATACADA POR LOS TALIBANES.

La corresponsal de la cadena CNN en Afganistán, Clarissa Ward, una de los pocas estadounidenses que se han quedado en el país, ha tenido que cambiar su atuendo para no ser apredeada por los talibanes.

La periodista se ha visto obligada a cambiar su atuendo a la hora de informar sobre la situación en el país afgano con la imposición de la ley islámica de los talibanes.

En poco más de una semana, coincidiendo con la marcha de Estados Unidos del país, los talibanes han tomado prácticamente por completo el control sobre Afganistán.

Una cuestión que está provocando un auténtico drama humanitario en todo el territorio, con unos efectos que ya empiezan a sufrir las mujeres.

Precisamente ellas se encuentran entre los colectivos más afectados por el renovado poder de los talibanes.

La razón: la llegada de estos a la dirección del país supone un retroceso en cuanto a los derechos en materia de igualdad de género adquiridos a lo largo de las últimas décadas.

Y prueba de esta problemática ya tiene rostro y nombre propio; el de Clarissa Ward, la periodista estadounidense que se encuentra actualmente en Afganistán informando de todo lo que está ocurriendo allí estos días.

Prácticamente de un día para otro, esta conocida reportera ha pasado de informar con una vestimenta colorida y libre a hacerlo envuelta en un velo islámico, con su cuerpo y su pelo cubierto.

Así lo ha publicado el medio estadounidense ABC, que ha compartido los ‘selfies’ que se ha realizado Ward.

Con la ley islámica que imponen grupos como los talibanes, las mujeres están obligadas a ocultar su cuerpo.

En todo caso, solo pueden mostrar una parte de su cara mientras no deje al aire el pelo y el cuello, siendo obligadas a vestir esto siempre que se encuentren en presencia de hombres.

En este caso, se va más allá: las mujeres afganas ya están comenzando a vestir un ‘burka’, que les cubre desde la cabeza a los pies, pudiendo dejar visible únicamente una pequeña abertura en los ojos.

Con esta ley islámica, la mujer afgana pasará nuevamente a ocupar un rol secundario y dependiente en todos los sentidos de los hombres.

No podrían usar cosméticos ni participar en según qué tipo de actividades -de ocio o deportivas- si no cuentan con el consentimiento de su marido, entre otros muchos derechos perdidos.

Y es que, con este tipo de normas religiosas, la mujer queda relegada a un plano menor, aislada nuevamente por una conciencia colectiva de lo más machista.

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